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por Rubek Orlando
Retornando de uno de los tantos viajes al interior en el marco de una visita del
embajador, esta vez desde Artigas, con varias horas por delante y con
la experiencia de haber estado previamente en contacto con jóvenes
de todo el país, nació uno de los programas más
exitosos llevado a cabo por la embajada.
Junto a Vince Alongi, en ese entonces responsable de las redes sociales de
la embajada y compañero de ruta durante diez años,
habíamos notado que existía una gran necesidad de
nuevas oportunidades.
Al término de cada larga jornada de trabajo teníamos por
costumbre tomar un whisky y fumar un habano mientras repasábamos
lo que nos depararía la siguiente jornada. Y siempre, y en
forma recurrente, aparecía el tema de «hacer algo»
para los jóvenes del interior.
Fue así que mientras íbamos devorando kilómetros de
retorno a Montevideo nació «Jóvenes
Corresponsales», un programa que buscó darles a los
muchachos la oportunidad de ser periodistas.
Apenas volvimos a la oficina, es decir, al día siguiente de regresar,
lo primero que hicimos fue ir a plantearle la idea a nuestra jefa,
Susan Bridenstine, quien se entusiasmó tanto como nosotros.
Fue tal el afán y el interés que desencadenó el
proyecto que nadie en la oficina dejó de participar, colaborar
o presentar ideas. Además de Vince, cooperaron en todo lo que
fuera necesario: Silvana Patrone, Pablo Castro, Blanquita Gari,
Marcelo Serra, Mauricio Puente, Adela Durán, Lucía
Arbelbide y Verónica Pérez Urioste.
El primer problema que se planteó fue la financiación, ya
que nuestro presupuesto no contaba con los fondos necesarios para un
programa «fuera de programa», valga la redundancia. Pero
la suerte estuvo de nuestro lado. Por esos días la secretaria de Estado, Hillary
Clinton, había creado un fondo especial para financiar
proyectos originales y que cumplieran con una serie de objetivos y
metas preestablecidas.
Allí fue nuestra iniciativa. Y quiso el destino que no solo
resultara aprobada y tomada como ejemplo para otros países,
sino que nos otorgaran cinco veces más del dinero solicitado.
Jóvenes Corresponsales era ya una realidad.
El programa se implementó a mediados del 2011 y convocó
a todos los jóvenes del interior de entre 15 y 18 años,
cuya vocación fuera el área periodística. El
requisito para participar era no tener experiencia previa.
Cada uno de los jóvenes y vocacionales corresponsales
brindó sus materiales desde su departamento de residencia,
informando sobre los distintos acontecimientos noticiosos que
sucedían en su localidad, acercando así las realidades
del interior hacia la capital. De esta manera, 18 incipientes
periodistas realizaron durante un año coberturas
periodísticas, escribieron en sus propios blogs y participaron
de diversas actividades relacionadas con la profesión, como
talleres y seminarios dictados por profesionales de destacados
medios, quienes brindaron su experiencia en el área. Se premió
a cuatro con un viaje de trabajo a Estados Unidos, visitando las
ciudades de Washington D. C. y Miami.
Los 18 jóvenes tuvieron la oportunidad de asistir a
seminarios dictados por representantes del gobierno de Estados
Unidos, así como también entrevistar e intercambiar
opiniones con destacados políticos uruguayos, que les
aportaron su experiencia en general y especialmente respecto a su
relación entre la actividad que desempeñaban y la
prensa.
Se habla de «los 18...», porque Montevideo quedó
específicamente excluido. El programa se había fijado
como objetivo darle una voz a los residentes del interior, que muchas
veces son ignorados por la capital.
Aun hoy recuerdo un diálogo que se dio en la ciudad de
Salto. Estábamos presentando el programa a un grupo de jóvenes
en la sede de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos tratando de
entusiasmarlos para que participaran, cuando uno de los asistentes me
interrumpió. «Todo muy lindo pero siempre pasa lo mismo:
terminan ganando los de
Montevideo», me dijo. Grande fue su sorpresa, y la de los demás
asistentes, cuando le aclaré que Montevideo no era parte del
programa, pues este estaba exclusivamente destinado al interior del
país. «Va a haber 18 seleccionados, que representarán
a cada uno de los departamentos», le expliqué.
En forma inmediata comenzaron las preguntas sobre los detalles del
programa. De hecho, Salto fue uno de los departamentos con mayor
cantidad de participantes y su representante (una joven) fue uno de
los cuatro ganadores finales.
A partir de la propuesta, desde todos los rincones del país
una serie de jóvenes adolescentes se vistieron de periodistas
para publicar notas escritas, videos y fotografías.
Canarios Informados; Artigas News; Eyes on
Colonia; Cerro Largo Noticia Joven; Maldonado Online;
Paysandú Breaking News; Rivera Informa; Mirada
Salteña fueron algunos de los 18 blogs creados por los
participantes, con noticias del interior de Uruguay, que debían
mantener actualizados.
A cada uno se le otorgó una netbook y una cámara
filmadora digital para trabajar. Nunca les dimos descanso. Tenían
iniciativa propia para publicar temas de su interés pero no
había día en que desde Montevideo no les pidiéndamos
notas sobre hechos puntuales de cada uno de los departamentos.
Siempre tenían deberes por hacer.
Los futuros periodistas no solo recibieron todos los elementos
necesarios para desarrollar su tarea, sino que también
participaron en cuatro seminarios con periodistas, políticos y
otros actores de la sociedad. Dos de esos seminarios se realizaron en
Montevideo y los otros dos en Colonia y Maldonado. Tampoco faltaron
las visitas a medios escritos, radios y canales de televisión,
donde tuvieron la oportunidad de interactuar con sus futuros colegas.
El primer seminario en Montevideo duró dos días y
comenzó con un almuerzo oficial en la propia embajada al
estilo de los almuerzos empresariales, teniendo como disertante al
hoy fallecido expresidente de Texaco, ministro de Industria y Energía
y embajador en Francia, Jorge Lepra. No bien terminado el almuerzo
comenzó la primera jornada
de
trabajo en el Hotel Ibis, donde durante un día y medio
recibieron charlas y conferencias de los más reconocidos
periodistas y corresponsales acreditados en el Uruguay.
Al término de cada evento teníamos por costumbre,
además de hacer una evaluación del programa,
preguntarles a los jóvenes cuáles eran sus inquietudes
y pedidos para el encuentro siguiente.
Fue así que el siguiente seminario lo dedicamos a la parte
de radio. Bastó una llamada a Washington para que Iscar
Blanco, director de Voice of America para la región, dejara
todo de lado y se tomara el primer avión a Montevideo. Iscar,
un colombiano casado con una uruguaya y con un gran sentido del
humor, torturó a los jóvenes durante dos
jornadas en el Hotel Nirvana, de Nueva Helvecia, donde apenas les
dejó unas pocas horas para el descanso. Era tal el entusiasmo
que había generado el programa que hasta el actor Diego
Delgrossi aceptó gustosamente viajar a Nueva Helvecia para
compartir un rato de humor después de las cena con los
cansados corresponsales.
El siguiente semanario tuvo un perfil netamente político.
Los jóvenes tuvieron la oportunidad de conocer a los
expresidentes Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle y
al entonces vicepresidente de la República, Danilo Astori.
Sanguinetti, un periodista de raza, les dio durante dos horas una
clase magistral sin que volara una mosca. Al día siguiente,
Lacalle, por entonces senador, los recibió durante toda una
mañana en el Palacio Legislativo, saliendo incluso de una
sesión del Senado. Tampoco voló ni una mosca. A la
tarde, las puertas del despacho del vicepresidente se abrieron para
estos jóvenes del interior, quienes tuvieron un intercambio
con Astori sobre temas de actualidad y en donde le plantearon más
de una pregunta difícil, como si fueran periodistas con larga
experiencia.
Llegábamos al último seminario y, como de costumbre,
les planteamos la pregunta de rigor sobre próximos
disertantes. «Tabaré Vázquez y el maestro
Tabárez» fueron los pedidos unánimes de los
jóvenes. Y allá fuimos para cumplir con su pedido. Pero
ninguno de los dos aceptó participar en el programa. Un asesor
del hoy presidente nos dijo que era prácticamente imposible y
que buscáramos por el lado de Astori.
Contactamos al maestro Tabárez a través de amigos
que trabajan en Tenfield. Mantuve una conversación telefónica
en la que le expliqué que se trataba de un grupo de jóvenes
que viajaban por única vez todos juntos desde distintos puntos
del interior, pero declinó la invitación. No hubo forma
de convencerlo.
«¿Ni cinco minutos para sacarnos una foto?»,
fue la pregunta de los jóvenes cuando les dijimos que esta vez
habíamos fallado en su pedido. «Ni cinco minutos»,
fue nuestra respuesta. «No siempre los periodistas logramos
nuestros objetivos», agregué.
A la tierna edad de 15, 16, 17 y 18 años estos adolescentes
impusieron su voz, la voz del interior de Uruguay. Muchos de ellos
hoy han abrazado esta profesión y trabajan con gran éxito
en distintos medios del interior y de Montevideo.
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